Entre páginas buceas por las interminables estepas de Mongolia, te internas tras las líneas enemigas con el ejército japonés, sientes los pies fríos al cruzar un río de agua helada, montas guardia apoyado en tu fusil bajo la luz de la luna.
Sobre las páginas caen gotas de aceite de motor. El autobús está viejo y va demasiado lleno, tan lleno que no has podido ni moverte para apartar el libro recién comprado y salvarlo del negro y pestilente goteo. Aun así tienes que estar agradecido, hay que ir a trabajar y no te has manchado la ropa.
Te preguntas cómo detener las sucias gotas que manchan a diario todo lo que amas.
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